Un golpe de tos.(Español)

Imaginé que había sonreído cuando me vio caer; la ví sonrojarse al voltearme y trató de disimular con un golpe de tos poco creíble, pero hice como si nada. Por ver  su cara embarazada y maravillosamente bella, valía la pena caer al infinito. Fue como un relámpago, algo que debía suceder antes o después.
Bajaba de la guagua mientras nosotros, con nuestro alboroto, les dábamos la bienvenida.
Norbert con su guitarra, Roland y Kico, con la alegría de siempre, regalando sonrisas y elogios a todas la chicas y no tanto chicas que bajaban detrás de ella. Ylenia y Niurys, que habían hecho el viaje desde el aeropuerto acompañándolos, trataban en vano de hacer las presentaciones del caso: algunos jóvenes del grupo eran incontenibles, tenían ganas de correr a la playa, aunque fueran las seis de la tarde, decían que habrían ganado una hora de mar, al poco tiempo que tenían para disfrutar las vacaciones.
En medio a este jolgorio no sabía como quitar mi mirada de la suya.
Finalmente el interminable ritual de bienvenida se concluía. Llegaba el momento menos deseado por todos nosotros. Debíamos tomar los equipajes, que pesaban toneladas, y acompañarlos a las habitaciones.
Nunca he entendido porqué los italianos, sobre todo las mujeres, cuando viajan, aunque sea sólo una semana, llevan valijas tan pesadas.
Algunos de mis colegas desaparecían como por encanto para evitar este momento, mientras otros esperaban en la propina que, en nuestra situación, era siempre bien recibida.
Por primera vez me alejé de propósito del grupo, pero tratando de no perderla de vista, quería ser yo a acompañarla. Cuando le entregaron las llaves, ya estaba a su lado, con sus maletas, efectivamente pesadas, en mis manos y, sonriente, le dije:
– Chao, si me dices el numero te enseño donde es.
No sé porqué nuevamente se sonrojó. No lograba mirarme a la cara y con voz, casi susurrada, me dijo el número de la habitación.
En todo el trayecto, a malas penas, dijo su nombre y, aunque traté de convencerla a no saltar la cena, decía que estaba cansada por el viaje y deseaba reposar.
Llegamos a destinación. Pensando que me habría negado la sonrisa de despedida, apoyé sus valijas en el umbral de la puerta y deseándole buenas noches, me despedí.
Sus palabras sonaron como miel cuando dijo:
– Has sido muy gentil conmigo. No pienses que rechazo de venir a cena porque no quiero encontrarte, es que, de verdad, estoy cansada. Verás, mañana vendré sin falta a tu lección de baile.
Me quedé inmóvil. ¿Cómo sabía que era yo quien enseñaba a bailar? Hasta ese momento no había tenido la oportunidad de decir media palabra al respecto, o mejor dicho, su timidez había frenado cualquier intento de diálogo.
Me volví  lentamente. Creo de haber tenido los ojos fuera de sus órbitas por la sorpresa, porque, sin espera mi pregunta, añadió:
– Sé todo de ti, Luis, es una semana que me apareces en sueños…
El teléfono interrumpe sus palabras y, aunque trato de no hacer caso, el sonido impertinente me hace responder:
–  ¿Oigo?
De la otra parte siento la voz de Norbert:
– Oye muchacho, has dormido demasiado. Corre que están llegando los italianos y se hace tarde.
Me lavo la cara a la carrera y salgo a toda velocidad sobre los patines. Cuando llego delante al ómnibus, pierdo el equilibrio y caigo
Me levanto, despacio, la puerta está abierta…
Allí está… sonrojada … tímida y, con un golpe de tos…

Un colpo di tosse.(Italiano)

Immaginai che avesse sorriso quando mi vide cadere; era rossa in faccia quando mi voltai, rossore che cercò di dissimulare con un colpo di tosse poco credibile, però feci finta di niente. Per vedere il suo volto imbarazzato e meravigliosamente bello, valeva la pena di cadere sino all’infinito. Fu come un lampo, qualcosa che doveva succedere prima o poi.
Scendeva dal pullman mentre noi, con il nostro trambusto, le davamo il benvenuto.
Norbert con la sua chitarra, Roland e Kico, con la solita allegria, regalavano sorrisi ed elogi a tutte le ragazze e signore che scendevano dietro di lei. Ylena e Niurys, che li avevano accompagnati dall’aeroporto, cercavano invano di fare le dovute presentazioni: i ragazzi del gruppo arrivato, incontenibili, volevano correre in spiaggia, benché fossero già le diciotto passate, dicevano che avrebbero guadagnato un’ora di mare, visto il poco tempo che avevano per godersi le ferie.
In mezzo a questa confusione, facevo fatica a distogliere il mio sguardo dal suo.
Finalmente l’interminabile rituale di benvenuto si concluse. Era il momento meno desiderato da tutti noi. Dovevamo prendere le valigie, che pesavano tonnellate ed accompagnarli nelle loro stanze.
Non ho mai capito perché gli italiani, sopratutto le donne, quando viaggiano, anche per una sola settimana, portino valigie così stipate.
Qualche collega spariva come per incanto, evitando questo momento, mentre altri rimanevano sperando nella mancia che, nella nostra situazione era sempre bene accetta.
Per la prima volta mi allontanai dal gruppo, cercando però, di non perderla di vista,volevo essere io ad accompagnarla. Quando le consegnarono le chiavi, ero lì, al suo fianco, con le valigie, effettivamente pesanti, nelle mani e sorridente le dissi:
– Ciao, se mi dici il numero t’insegno dov’è.
Non so perché, nuovamente arrossì. Non riusciva a guardarmi in faccia e, con voce quasi sussurrata, mi disse il numero della stanza.
In tutto il tragitto a malapena, riuscii a sapere il suo nome e, benché cercassi di convincerla a non saltare la cena, rispose che era troppo stanca e voleva riposare.
Arrivammo a destinazione. Pensando che mi avrebbe negato il sorriso nel salutarci, appoggiai i suoi bagagli davanti alla porta e salutai augurando la buona notte.
Le sue parole furono come miele quando disse:
– Sei stato molto gentile con me. Non  pensare che rifiuti di venire a cena perché non voglio incontrarti, veramente sono molto stanca. Vedrai, domani ci sarò alle tue lezioni di ballo.-
Rimasi di stucco. Come sapeva che ero io l’insegnante di ballo? Fino a quel momento non avevo avuto l’ opportunità di dire mezza parola al riguardo, o meglio, la sua timidezza aveva frenato qualunque intento di dialogo.
Mi voltai lentamente. Credo di aver avuto gli occhi fuori dalle orbite per la sorpresa, perché, senza attendere la mia domanda aggiunse:
– So tutto di te, Luis, è da una settima che mi appari in sogno…
Il telefono interrompe le sue parole. Cerco di non farci caso, però il suono impertinente mi obbliga a rispondere:
–  Pronto?
Dall’altra parte sento la voce di Norbert :
– Hey, ragazzo, hai dormito troppo. Corri che stanno arrivando gli italiani o farai  tardi.
Di corsa mi lavo la faccia e parto a tutta velocità sui pattini. Quando arrivo davanti alla porta del pullman, perdo l’equilibrio e cado.
Mi alzo, lentamente, la porta é aperta…
C’è lei… rossa in viso… timida… che, con un colpo di tosse…


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Acerca de Leonel Licea

Sueños y pesadillas de un apasionado de la vida convertidos en poesías. Sogni ed incubi di uno appassionato della vita, diventati poesie.

  1. migli2007 dice:

    Qué buen cuento!!!!
    Me encantan tus cuentos, mezcla de realidades con fantasía donde todo puede suceder. Me gustó mucho el final, no esperado!
    Muy bueno, sí, muy bueno.
    Congrats!!
    😉

    • egomanias dice:

      Gracias Maffi, como ves, a esta hora italiana 5:55 estoy despierto (en Chile las 23:55?) y te he visto on-line mientras dejabas este comentario.
      Me alegra que te haya gustado es pequeño relato , espero sea bueno como dices.
      Un abrazo. Te quiero.
      Leo

      • migli2007 dice:

        Cierto que es bueno! no tengo ninguna duda. Además tus finales abiertos…dejan espacio para hacer volar nuestra imaginación! Me encanta!
        En cuanto a las diferencias del fuso horario, sí,son seis horas de diferencia. Eres un noctámbulo de marca mayor!
        Un abrazo inmenso y sigue deleitándonos con tus cuentos-realidades-fantasías.
        Maffi

  2. jimena011 dice:

    Casualmente, navegando por tu blog he podido descubrirte en tu faceta de profesor de baile…

    Yo sé cómo acaba el cuento.
    La muchacha italiana cae inevitablemente rendida a los pies de Luis.
    También creo que no será la única…
    Me temo que en ese hotel los golpes de tos en las inquilinas sean bastante frecuentes. 😉

    Me ha encantado, Leo.
    Muchas gracias y perdóname la confianza.
    No he podido resistirme.

    Saludos.
    🙂

    • egomanias dice:

      Quizas un poquito de razón la tengas, pero los hechos son casi todos de fantasía 🙄 la única cosa real al 100% es el peso de los equipajes, sobre eso que no te quede duda, pesaban muchísimo. 😀
      No tengo nada que disculparte Jimena, al contrario, tengo solo que agradecerte pues me gusta sentirme así vecino a ustedes que me siguen.
      Un abrazo.
      😉

      PD. Si ves entre las informaciones personales, a la derecha del blog, hai un link que dice Mi canal video, si das una ojeada, quizas tendrás motivos para reír con uno de los videos en particular.

  3. pipermenta dice:

    Es verdad eso que dices sobre las maletas de viaje de las mujeres. Parece que todo nos hiciera falta aunque nuestro destino no sea muy duradero.
    Buen relato.
    Saludos.

    • egomanias dice:

      Gracias de haber pasado por este espacio, Pipermenta, es un honor para mi darte la bienvenida.
      Te agradezco por el cumplido y espero de verte nuevamente por estos lugares.
      Un abrazo.

  4. Ana María García dice:

    Este cuento, además de lo que te han dicho, tiene otro merito: hace divertir a quien te lee.
    Me ha gustado muchísimo.
    Un abrazo.

  5. medusa dice:

    La historia de una experiencia vivida completada con la fantasía son los ingredientes que tu talento unió para regalarnos este cuento, escrito en modo ligero y entretenido.
    Me gusta mucho.
    Un abrazo.

    • egomanias dice:

      Gracias Medusa, pensé que ya habías partido, pero después me recordé que lo harás sólo el domingo.
      Besos.
      😉

  6. Inés de la Caridad dice:

    Este cuento me recuerda ese viaje maravilloso que hice a tu país. A propósito, has cambiado los nombres, pero son todos reconocibles, quien los conoció difícilmente no los reconoce, sobre todo Ronald, Tico y tú. Me ha gustado mucho leer este cuento, se siente en el cuento que es un periodo muy bello de tu vida.
    Un abrazo.

    • egomanias dice:

      No tenía dudas sobre el hecho que te recordaras y me legra que hayas reconocido dos de los protagonistas.
      Te mando un abrazo.
      Leo